Hablando de… Agua

POR OSCAR PÉREZ, SOLUCIONES SOSTENIBLES

Es curioso como, desde el espacio, nuestro planeta pareciera ser una gran masa de agua, del que solamente sobresalen las masas continentales. Una imagen impresionantemente bella del lugar que habitamos.

Sin embargo, la tierra tiene un diámetro de 12,756 km y la zona más profunda del mar que se conoce tiene su fondo apenas a 11 km de la superficie. En términos prácticos: si la tierra fuera del tamaño de una manzana, ¡el mar sería como la cáscara!

A eso sumemos que de ese total del agua de la tierra, solamente el 2% se encuentra disponible para su uso en pozos y ríos. De ese 2%, una buena parte se encuentra contaminada.

Hagamos una analogía con nuestro país: Guatemala es el país de la eterna primavera, con abundante vegetación, bosques nubosos, lagos impresionantes y ríos majestuosos. Pero también existe otra realidad menos aparente, pero muy preocupante. Nuestros esfuerzos de modernización han venido acompañados de una urbanización mal planificada. Nuestra capital es ahora una Región Metropolitana, en la que ya no es posible distinguir los límites de lo que hace algunos años eran ciudades independientes (Guatemala, Mixco, Chinautla, Villa Nueva, Santa Catarina Pinula, por ejemplo).

En esta región, que ocupa menos del 2% del total del territorio nacional, vive más del 20% de la población y tiene una tasa de crecimiento del 4.4% anual, casi el doble del promedio nacional.

Los dos ríos principales de la zona, Villalobos y Las Vacas, se encuentran totalmente contaminados. Nosotros (sí… ¡nosotros!), en nuestro afán de ser más modernos y desarrollados, pero sin una estrategia clara para hacerlo, hemos convertido en un pantano el Lago de Amatitlán y sus más de 200 millones de m3 de agua.

Las fuentes de agua subterránea también se encuentran en crisis. Las grandes industrias, las empresas de agua y los desarrolladores de proyectos inmobiliarios lo saben: cada año se requieren pozos más profundos para proveerse de agua.

Ante esta situación, ¿qué hacer?

De manera simplista, la tasa de consumo de un recurso natural depende de tres factores (1) la cantidad de un recurso que cada persona utiliza para satisfacer sus necesidades (y sus lujos); (2) la cantidad de personas que utilizan de ese recurso; (3) la tasa a la cual el ecosistema es capaz de renovar el recurso.

Actuar sobre los factores 2 y 3 genera beneficios de largo plazo, pero son procesos complejos, largos y relativamente caros. Por otro lado, todos nosotros (sí… ¡nosotros!) podemos actuar sobre el componente 1 y generar resultados pequeños, pero inmediatos.

Utilice menos agua en sus actividades diarias y empresariales, no tire basura por las calles, sea responsable o (como dicen por allí…) “incluya en su actitud al ambiente”.

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